Londres — 1980

No visitaba a Londres desde hacía 10 años. Sin embargo, mis experiencias fundamentales de esa ciudad son de hace 20 años, de manera que mis comparaciones son de este último período.

Relataré inicialmente mis impresiones sin ningún estudio detenido. Noto ciertos cambios en algunas costumbres que han simbolizado a Inglaterra en el mundo. Estábamos haciendo cola para para tomar un bus y cuando éste llegó, un grupo grande por el lado contrario entró; los que estaban en la cola no protestaron. Yo protesté mentalmente.

Hace días entramos en un restaurant y encontramos lo que podríasmos llamar una algarabía, entre personas cuya mínima edad bordeaba los 40. En comparación, en 1960 estábamos en una cervecería y de pronto nos dimos cuenta que las únicas voces que se oían eran nuestras latinas voces.

A pesar de esos “tips”, mi impresión es que, en lo fundamental, no ha cambiado el ambiente de órden, respeto a las leyes y cordialidad dentro de una gran seriedad, típica del inglés.

Mis primeros usos de algunos servicios han sido plenamente satisfactorios; como nos mudamos a los tres días de llegar, llené la planilla para notificar el cambio de dirección, y a los días me llegó una carta de la oficina de correos, con el correspondiente acuse de recibo.

Antes de viajar me habían ponderado el alza de los precios y se me aseguraba que el costo de vida se había elevado por encima del de Caracas. Una de las primeras cosas que he hecho es hacer un listado de precios y compararlo con los de Caracas. Mi conclusión inicial es que entre unos precios que están por encima y otros por debajo, hay bastante similitud en los niveles promedio. Pero hay una diferencia que quiero resaltar, usando dos ejemplos: cuando he tomado jugo me siento tomando jugo; un pan redondo pesa por lo menos 2,5 veces que uno similar en Caracas en tamaño y en precio. Muy diferente a mis experiencias en Caracas.

Quiero resaltar algunas ocurrencias de mi viaje que tienen mucha relación con Venezuela.

Pude observar la aplicación de algunas tecnologías novedosas muy interesantes, sobre todo en el campo de la electrónica. Pero la innovación que mas me llamó la atención fue la adición de goma (de verdad) a los sobres. En esa forma es muy fácil cerrar la correspondencia, sin tener que estar comprando nuestros frasquitos de goma, cuya aplicación es por lo menos fastidiosa. Se trata de una tecnología muy simple y cuya absorción no debe ser difícil para Venezuela. Voy a proponerle al CONICIT el envío de una misión para que estudie el proceso y discuta con las empresas británicas la venta o licencia de la respectiva tecnología.

Paradójicamente, mi viaje a Inglaterra sirvió para confirmar mis sospechas –y de todos los venezolanos- sobre la adulteración de la leche en Venezuela. He sido siempre un poco estítico y hace algún tiempo decidí comenzar a tomar leche en abundancia, por las propiedades conocidas de ese líquido como estimulador de los intestinos. Sin embargo, no sentí alivio y en algunas ocasiones me sentía peor, lo cual me obligaba a combinar el uso de la lecha con leche de magnesia. Pues bien, al llegar a Londres le di a mi organismo la misma dosis de leche que acostumbraba en Venezuela y el resultado fue que estuve dos días sin poder salir, pues me veía obligado a ir al baño cada media hora.

Cuento ahora lo mas grave que me sucedió. Vi anunciado en el Teatro Aldwich la presentación de Otello. Compré entradas sin preguntar mas nada y el resultado fue que cuando entré en el anfiteatro y el portero me entregó el programa me di cuenta que la obra era otra y le mostré mi extrañeza. Cumplido el primer acto vino el intermedio y me quedé en mi butaca. Estaba un poco distraído, cuando de pronto veo a una persona de pié, casi pegada de mi, con algo en su mano derecha que me pareció ser un revólver. Inmediatamente comencé a dar gritos y a pedir auxilio. Podrán imaginarse el escándalo que se formó en el teatro.

A los pocos minutos fui abordado por dos policías y el Director del Teatro, los cuales me pidieron les explicara que me había pasado. Cuando todo se aclaró, el presunto asaltante resultó ser el portero del teatro, y el también presunto revólver era el programa calendario de la temporada, donde me había marcado en rojo las fechas en que Otello sería representado. ¡Qué vergüenza! Pero no podía decirles la verdad. No podía decirles que de acuerdo a las costumbres actuales en Venezuela, era lo mas lógico pensar que una persona desconocida que se me acercara tanto tenía que ser un asaltante y que, además, no podía pasarme por la mente que un portero tuviera las amabilidades que ese señor pretendió tener para conmigo. Les dije entonces que estaba “ufly sorry” y que mi problema era que sufría de manía persecutoria. Para seguir de sorpresa en sorpresa, el Director me dijo entonces: “Señor, nosotros nos sentimos obligados a hacer algo por usted. Y a las 9 de la mañana del día siguiente se detenía a la puerta de mi casa una camioneta del Royal Free Hospital, la cual me llevó a ese hospital, donde estuve dos días internado sometido a intensos exámenes y tratamiento. Al salir del hospital no volví a sentir ni siquiera un pálpito del corazón, y mucho menos gritar cuando alguien se me acercaba….hasta que llegué nuevamente al Aeropuerto de Maiquetía.

Escrito en septiembre de 1980

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