Experiencias Docentes:
Charla en la Universidad Central de Venezuela

Sistema de Evaluación. Los exámenes no deben estimular el caletre. Deben fomentar la creatividad de los estudiantes. Si el examen es de caletre, en que al estudiante se le exige simplemente saber lo que el profesor dictó, esto se combina con la situación que delinee en el punto sobre la clase magistral, el resultado es desastroso para la formación profesional del estudiante. Mas adelante me referiré a esto, de lo cual también es un ejemplo, el examen a que hice referencia en el punto anterior.

Un método de evaluación que me parece negativo, es cuando en el primer día de clase el profesor hace entre los estudiantes una distribución de los temas del programa. Cada alumno o grupo de alumnos tiene que dictar ese tema en clase y esa es la evaluación. La consecuencia es que cada estudiante prepara su tema y ya los otros no le interesan porque ya fue evaluado. El resultado es un conocimiento fraccionado  del programa, lo que atenta contra el conocimiento integral de las distintas materias que se debe tener.

Honestidad. A este respecto me refiero a que el profesor debe ser transparente  con los estudiantes. La honestidad comienza por preparar con profundidad las clases. Cuando un estudiante hace una pregunta cuya respuesta el profesor no conoce bien, éste no debe tratar de “guabinear”. Debe decirle claramente que no conoce bien la respuesta, que la buscará y le dará una respuesta satisfactoria posteriormente. A este respecto, hay que reconocer que los latinoamericanos tenemos la característica de que consideramos como un pecado decir “no conozco esto”, especialmente entre los políticos. Uno puede observar por televisión muchas situaciones, en que a un político un periodista le hace una pregunta y aquel comienza a darle vueltas al asunto, sin decir nada de sustancia, pero nunca se le ocurre decir, “no se”. En cambio, con frecuencia uno puede ver en los países del hemisferio norte, hasta premios Nobel, que ante una pregunta responden: “Yo no se de eso, quien sabe de eso es X”.

Inicios Docentes

Me inicié en la docencia como auxiliar, todavía estudiante,  en la cátedra de Estadística Económica del gran profesor  e investigador Armando Córdoba. Ese fue un período muy fructífero, tanto para mi formación profesional, como para mi futuro docente, bajo la sabia orientación del Prof. Córdoba.

Luego de graduado, cuando le llevé mi diploma para que me lo firmara al cimero Prof. D.F. Maza Zavala, éste me dijo: “Mire Márquez, yo quiero que el próximo año académico me ayude en la Cátedra de Economía Internacional. Cuando abran la Escuela en septiembre hable con el Prof. Mejías (Luis Esteban Mejías, Director de la Escuela) que tendrá instrucciones mías”. Así lo hice y para mi sorpresa el Prof. Mejías me dijo: “Ya tengo instrucciones del Prof. Maza. El va a dar la clase diurna y usted la nocturna”. Debo confesar que eso fue una conmoción para mi, porque yo me figuraba que el arreglo sería que el Prof. Maza me indicaría que yo dictara algunos temas, espaciados en el tiempo y que, por lo tanto,  podría prepararlos con mucha comodidad.

Comencé entonces, de inmediato, a fichar toda la bibliografía que tenía sobre Economía Internacional. Cuando terminé esa labor, preparé la primera clase del programa, la cual “dicté” con la ayuda de un pizarrón que tenía en mi casa. Cuando terminé mi simulación habían pasado 40 minutos, y en esa época la clase era de 50 minutos. Me horroricé que me sucediera lo mismo que a algunos de mis profesores, que después de 30 o 35 minutos no tenían nada mas que decir. Pero el resultado fue que los 40 minutos  que había hablado se convirtieron en tres clases, porque no había tomado en cuenta la interacción con los estudiantes, preguntas y respuestas, comentarios.

Por algunos años mis clases se basaban en la clase magistral, pero estimulando la discusión. Después comencé a alejarme de este método, indicando a los estudiantes la bibliografía para la semana siguiente, de manera de poder dar yo un resumen del tema y comenzar entonces la discusión. Debo confesar que no me fue fácil aplicar ese método en la Escuela de Economía, por el gran número de estudiantes en el aula. Donde mejor pude aplicarlo en el pre-grado, fue en el Instituto Universitario de Nuevas Profesiones, donde por unos años dicté la Cátedra de Desarrollo Económico. Los grupos eran pequeños y el sistema funcionó; los estudiantes respondieron excelentemente, estudiando previamente y produciéndose vivas e interesantes discusiones.

En lo que se refiere a la evaluación, no he estado de acuerdo con un sistema de exámenes parciales y que la suma de estos sea simplemente la evaluación.  Los conocimientos deben ser consolidados en un examen final; pero éste examen debe ser global, que ponga a prueba el conocimiento por el estudiante de todo el programa, como el examen relacionado con la crisis energética a que me referí antes.

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