Experiencias Docentes:
Charla en la Universidad Central de Venezuela

Como Director de la Escuela de Economía

Acepté la Dirección de la Escuela de Economía en el Decanato del Profesor y amigo Héctor Silva Michelena. Mi mayor estímulo para esa aceptación fue un proyecto de reforma académica de la Facultad de Ciencias Económicas y Sociales. No me toca a mi evaluar mi gestión en ese cargo, en el cual estuve poco tiempo. Diversas circunstancias impidieron avanzar plenamente en ese proyecto, por lo cual renuncié y preferí dedicarme plenamente a la actividad docente y a la investigación.

Voy a referirme solamente a un aspecto de esa gestión. Me plantee lo siguiente: Yo voy a dirigir una institución académica. Su esencia es la exposición y discusión de los aspectos teóricos y fácticos de la economía. Si yo no conozco lo que se está discutiendo en las aulas, seré sólo un administrador. En cualquier institución o empresa, un supervisor puede acercarse a un subalterno y decirle que le explique la esencia de su trabajo, porque sin ese conocimiento la dirección no puede ser eficiente. Entonces, diseñé un plan por el cual me iba acercando a profesores, les explicaba esto y les perdía permiso para asistir a sus clases, no en términos de supervisión, sino para involucrarme en la sustancia de lo que yo estaba dirigiendo. A todos los profesores a quienes les hice el planteamiento aceptaron y puedo decir que lo mejor que me llevé de la Dirección de la Escuela  fue el conocimiento y la experiencia que adquirí en esas visitas. Pero supe de algunos profesores que dijeron: “Si  Guillermo Márquez pone los pies en mi salón, lo saco a patadas”.

Sin embargo, hubo un caso que siempre me trae problemas de conciencia cuando lo recuerdo. Asisto a la primera clase del primer año de Teoría Económica. Los estudiantes eran jóvenes imberbes, generalmente con mala preparación del bachillerato y sin idea de que era eso de Teoría Económica.

El profesor se para, no recuerdo si dio los buenos días, sin ni siquiera una palabra introductoria, se dirige al pizarrón y escribe: “FUERZAS PRODUCTIVAS”. Y a continuación  comienza a escribir una clasificación de esas fuerzas productivas, concepto marxista, y luego explica cada una de sus significados. Eso fue la clase.

Yo estaba horrorizado. Esa primera clase requería de parte del profesor una panorámica de lo que se estudiaría, una explicación de que en qué consiste la ciencia económica y su ámbito conceptual. Comencé entonces una lucha mental interna: entre la barbaridad  que había presenciado y mi compromiso de que mis visitas no tenían carácter de supervisión. Y venció el compromiso y no le comenté nada. Años después se descubrió que ese “profesor” era un farsante, que no tenía título de Economista ni ningún titulo universitario y, por lo tanto, fue expulsado de la Universidad. Para alivio del gentilicio venezolano, les aclaro que ese sujeto era extranjero. No me explico cómo pudo entrar al personal docente.

En el Instituto de Investigaciones Económicas y Sociales

Estuve allí en una investigación sobre la economía venezolana en el primer período presidencial de Carlos Andrés Pérez y a la vez fui miembro de su Consejo. Solo me referiré a una  faceta de mi labor allí.

El modus operandi del Instituto era la existencia de módulos de investigacion sobre diversos temas cuyos resultados, algunos muy interesantes,  se publicaban en la revista del Instituto. Periódicamente se organizaban jornadas, para exponer  algunas de esas investigaciones. Pero cotidianamente había un aislamiento entre los distintos módulos de investigación; existía poca relación intermodular. Normalmente, los investigadores no sabían lo que se estaba investigando en otros módulos. Situación ésta insatisfactoria pues las diversas investigaciones deben alimentarse de las demás. Lo deseable es un intercambio permanente, no solamente de las investigaciones terminadas sino de las que están en proceso. La discusión de las investigaciones en curso debe ser tan rutinaria en los institutos de investigación como las clases en las escuelas. Ello se logra con la exposición y discusión en forma continua de las investigaciones, con la asistencia de todos los investigadores. Propuse entonces al Consejo del Instituto  iniciar un programa de encuentros semanales con ese propósito, lo cual aprobado. A mi juicio su realización fue muy exitosa y a todos nos nutrió intelectualmente en forma importante. En este momento no tengo conocimiento de cómo está funcionando el Instituto.

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